miércoles, marzo 01, 2006

Aquella noche de San Juan

Era un día de iglesias cerradas, de hombres de gris, de tristezas arrastradas, de vidas como edificios que apenas se sostienen.

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En la playa sopla un viento helado y ella tiene frío y sabe que yo sé que está tiritando pero intenta disimular, agarrada a una toalla como quien se intenta ocultar para no ser observado por el ojo inquisidor de la indiferencia.

Los niños juegan lejos, cada vez se alejan más. Ella los sigue con la mirada y yo comienzo a darme cuenta que no somos más que formas que se mueven, incapaz de decir algo que la haga sentir bien.

No puedo pedir perdón por tener miedo, sólo quiero saber qué se esconde tras este silencio.

Al final no soporta esta apatía, apacible para mí, y explota:

- Sería agradable que alguna vez dejaras de fumar para decir algo.
- ¿Me puedes acercar el móvil?
- No... ¿otra vez vas a llamar para decir que no irás mañana?
- No, no es eso.

Me da el móvil, lo cojo evitando rozarla, lo sostengo, está apagado, lo aprieto con rabia y lo lanzo al mar. Me mira aterrorizada un segundo y se marcha rápido para secar a los niños.


Hay muchas formas de decir NO y esta es una de ellas, no sé si lo hago por cobardía o por crueldad pero nadie, absolutamente nadie podrá jamás obligarme a ser la persona que no soy.

Ha metido a los niños en el coche y se dirige hacia aquí.

- Hace frío, ¿porqué no nos vamos?
- Iros.
- ¿Crees que eso son maneras?
- Hay muchas formas de decir NO y esta es una de ellas.

Y arranca a llorar cayendo de rodillas en la arena, con la cabeza baja. Y le hablo casi susurrando:

- Esto no es lo que esperabas, ¿verdad? ¡Qué bonito es preparar un juego y qué difícil es jugar a él!

Se limpia las lágrimas, se arregla el pelo y me responde suplicando:

- No tardes mucho.

Y se aleja. Oigo como arranca el coche y me siento aliviado.
Me tumbo en la arena, siento pena y libertad, cansancio y paz... dejo el transistor encendido y observo el cielo oscurecer.

Transistor: ...hoy han robado la tienda de la esquina y sólo había un despertador,
tres taburetes y un carnet de perdedor en una vitrina...


Comienzan los recuerdos a sucederse. Nos conocimos una noche como esta y desde ese día, cada 23 de junio volvemos a la playa por la tarde, no sé porqué lo seguimos haciendo, ha acabado siendo una mentira que ella se empeña en continuar. No volverá la magia de ese día por mucho que queramos revivirla. Estaba guapísima, sin esas ojeras que ahora la delatan y yo era un soñador que se dejaba llevar por cualquier tontería.
Decía de mí que era un angelito misterioso que San Juan le envió a su hoguera. En el viaje de boda fuimos a la nieve, a ella le gustaba tanto esquiar... Por la noche, desde el hotel miraba la luna y me repetía convencida: “Ella es el testigo de nuestro amor, mírala, ella lo sabe todo... todo lo que pasó aquella noche.” Y nos prometimos que al morir, el primero que se marchara esperaría al otro en la cara oculta de la luna. Planeamos miles de cosas, no hemos hecho ninguna, le prometí tanto... todo se ha quedado en las palabras que quizás nunca debí pronunciar. Y sigo pensando en lo que debería haber sido y no fue hasta quedar dormido.


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Despierto por el ruido de la gente que empieza a poblar la playa, nadie me observa de forma extraña, ven en mí a un borracho más sobre la arena. Qué guapas están algunas chicas, tan jóvenes, tan ilusionadas... Ahora sí me viene alguna imagen de aquella noche y creo que fuimos felices de verdad. Nos pudo la responsabilidad, la casa, los niños... Debería ser un poco más agradable porque ella me quiere mucho. Voy a volver a casa, estará padeciendo.



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El mundo cierra a las 24:30, los camareros cuentan las estrellas.
Un ángel con respiración artificial espera el metro en la noche de San Juan.



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Llego a casa, la luz está apagada, no hay nadie, entro en la cocina, la cena fría y una nota en el cristal: “Me encontrarás esquiando en la cara oculta de la luna.”





* Inspirado en Piel de la luna, Diego Vasallo (2005)

3 Comments:

Anonymous Sombra said...

Bonito relato. ¿Quien no se ha sentido identificado alguna vez por algo así? La pasión del principio del surgimiento del amor desaparece más brevemente de lo que anhelaríamos... Hay distintas maneras de encajarlo... Yo, ni volvería a casa, ni me iría a esquiar al otro lado de la luna. Buscaría nuevos planetas por descubrir. La vida se vive solamente una vez y ya hay demasiados momentos jodidos en ella por sí misma, para irnos metiendo palos en nuestras propias ruedas.

7:09 PM  
Blogger Margouillat said...

He leído en tu relato una frase de una canción que no se de quien es pero que adoro, te escribo solo para ver si me puedes ayudar y decirme el nombre del cantante o de la canción.
"No puedo pedir perdón por tener miedo, sólo quiero saber quien se esconde tras este silencio..."
gracias
paseandoporelindico@gmail.com

6:24 PM  
Anonymous Anónimo said...

A mí también me gustaría saber el nombre del cantante/grupo o la canción a la que Margouillat hace alusión. Un saludo y gracias de antemano!

3:11 PM  

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