El día de antes de la revolución
El vaticinio de la pasión se ha vuelto contra mí, ahora espero que la tardanza de esa carta sólo se demore un día más pero si es así, habrán de ser dos jornadas de tensión... hasta el lunes. Sí, vendrá el lunes; perdón, ha de venir el lunes, debe llegar, ¡bendita sea! ¡maldita carta! ¿Quién llegará antes al lunes, ella o yo? ¡Vaya fin de semana del diablo! ¡deberé rendir horrores! aquí sentado.
Cuando guardaba la sepia en la nevera me dije a mí mismo :
"No puedo por más que quiera, escribir sin esa carta". Y aquí estoy, haciendo del papel testigo de mi ira. En el supermercado aún estaba cubierto por el risueño manto de la bondad y las ráfagas de lujuria que residen en mi interior sólo transgredían a intervalos mi mente sin osar agitarse en mi corazón. Pero el pensamiento dibuja tantas figuras que la imposibilidad de éstas, hacen de la imperfección todo un símbolo del deseo. Sí, allí estaba, en la cola de la caja, dos puestos antes que yo. Marchó, se fue dejando el detestable aroma de la privacidad de su desenfreno, elegantemente disfrazada por la cordialidad de su sonrisa, falsa, omisa y delictiva. Era morena y no puedo más que pensar en eso. Sí, era morena. Portaba consigo el inaccesible negro de mi indignación y la indecorosa sonrisa de la dignidad. Esa mueca hostil, violenta al menos pernicioso de los energúmenos. Es la mueca del cerrojo, de la llave, del tapujo. Es la mueca del adiós del hasta nunca. Es la mueca de "estoy bien" y "no me importa como estés".
En fin, si no es allí será aquí. En la siesta planearé con elegancia y teatralidad el arrojo del sentir doliente y lo llevaré a cabo con la maestría y eficacia dignas de un sueño. Sí, mejor lo haré aquí, aquí lo ensayaré, aquí saldrá mejor, (aquí el final feliz es para ella y es para mí.) Aquí, sobre mi cama, aquí tengo coartada. Sólo un sueño, sólo un áurea evaporada.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Un insecto, una espina, algo noto que me criba para quedarme a solas conmigo. ¿Tengo miedo de mí mismo? Si así es, me enfrentaré hasta derrumbar todos los escudos que obstruyendo mi camino, languidecen mi perfidia y la hacen débil, la desinflan.
El amor es sólo un estado de ánimo que enrojecido por su incomprensión, su indefensión, su incoherencia, su no correspondencia da a luz un hijo. Oh, y el hijo del amor...,el hijo bastardo del amor...es Satán. Y ni aun los que ni siquiera mueven un lápiz para luchar contra su condición, en su sonrisa se entreve la realidad, en la curva de sus labios, en la ausencia de sus ojos, puede verse que lo llevan dentro, demasiado dentro quizás, quizás más dentro que los que se manifiestan con el pecado.
El harapiento sudor del indefenso hace retroceder los pasos más firmes. Pero la vida hay que afrontarla como el gran enemigo del hombre. La vida humana es nociva para el mundo y para el propio homo. Sí, tejeremos el engaño entre todos para que las generaciones venideras caigan en sus redes. Pero yo con un cuchillo me voy abriendo paso, rasgando esa tela de araña que intenta entrelazarnos y unirnos en la falsedad, evitando el verdadero desarrollo del hombre en la voraz explosión de su miseria, en la línea recta que nos lleva a la salida, al punto de partida, a la meta, al comienzo de nuestra era.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Termitas balanceándose en un fibroso hilillo de madera. Eso es lo queda de mi honra cuando me adentro en el espeso mundo de los sueños.
Si allí soy capaz, aquí no. Mas lo haría. El condicional de mi sentencia rinde homenaje al castigo. Al castigo terrenal porque la morada de la ética sólo es un refugio para los hipócritas y cobardes. Para los que intentan sacar el máximo provecho de su sordidez y hastío. Los que más, acaban maniobrando como autómatas, máquinas en nombre de Dios. Los menos convencidos suelen arrastrarse por el mundo con la indecisión e inseguridad por bandera. Y diré algo que nadie sabe y todos sienten en sus carnes: la honra es la antesala del pecado. Nadie la necesita cuando no se siente el sofocante aliento del pecado en la nuca. Es el escaparate que muestra todo aquello que debe verse y oculta todo aquello de lo que uno mismo se avergüenza. Por tanto nuestra honra es para el prójimo y no para nosotros, conscientes de nuestra mezquindad. Ninguna mujer me comprendería, lo sé. ¡Es sólo un presentimiento! ¡No ataquéis todas a la vez!
Pero la noche es el amanecer de las estrellas, a golpes de xilófono van apareciendo entretejidas en el manto púrpura de los sueños, armonizadas por los violines meditabundos de la improvisación. Y millones de voces afectadas claman al cielo por el magenta de sus fantasías. Y los perros de la lluvia se volverán a reunir y entre peleas, burlas, risas y lágrimas, podremos oír el eco de un cuento rancio y desfasado, historias atemporales, rapsodias de violadores y millones de quejidos y reproches. Y la primavera helará nuestros huesos porque cuando las flores se abran, nuestros párpados morirán cerrándose a los desiertos caminos de la inocencia. ¿Y se repetirá esta historia hasta el final de nuestros días? Creo que sí, creo que sí, tal vez NO.
Me desentiendo de la lluvia y me mojo más que nunca. Una cortina de agua impura es el atavío de mi moral. ¡Reclutemos las cenizas de la desgracia! ¡Hagamos con la maldad brotar la bondad en los corazones de los miserables! Y cuando insinúo ahora, es YA. Y si un piano suena en una habitación vacía es porque el aire de este mundo está vivo de venganza. Sueña, sueña, pero algún día haz que sueñas sin estar dormido.
Palabras cayendo como copos de nieve sobre una pizarra roñosa y mugrienta, darán forma a nuestros vicios. Ecualizarán nuestras cabezas en un único objetivo: el amor; como sea, como mito, como un hijo desconocido, como un erizo sin pinchos. La carnaza, las entrañas, las tripas e hígados del amor arrancados con valor, con delirio y con rencor.
Y todos juntos, con el sol de la victoria en nuestros ojos cantaremos al amanecer de nuestras almas... "Y la dejo aquí......o la dejo allá"
"Y la dejo aquí......o la dejo allá"
Emborrachados por la sinuosa y juguetona culebra de la felicidad agitándose en nuestra médula... lo sabemos, lo hemos hecho y nos arrepentimos de habernos dejado envejecer por el cortante y abusivo viento de la moral caprichosa. ¿Qué podíamos esperar de la ética humana? Es más, ¿qué podíamos esperar de un término creado por el hombre? Ética no es mas que un tosco intento de unir al mayor número de individuos en una abrumadora nube de irrealidad, no hay otra expresión en el mundo mejor custodiada y explotada por los que interesados en darle un significado popular, la adoran en un altar y la convierten en el símbolo de la antirebeldía. No hay tal ética, sólo es un artificio de los interesados en dar vida, a su manera, a una expresión cualquiera. Ellos son los escogidos y desean seguir reinando pero algún día la ceniza tomará forma... vamos!!!!
¿Palabrería? bien, ¿y la de ellos?
Y tras la victoria, el pigmento de nuestro espíritu, la tonalidad de nuestras almas cambiará de percepción. Luego las tertulias y los juegos y sonrisas verdaderas del descanso tan ansiado de esta vida que es la guerra. Bailaremos en la arena de la playa desnudos de fe y de esperanza porque los ropajes y corazas no son necesarios para amar locamente bajo el sol.
¡¡Basta!! aún no ha ocurrido nada. Aún somos la sombra que busca un cuerpo y ELLOS siguen siendo el cuerpo que huye de su sombra. ¿Quién siente amor? Sí, ¿quién puede sentirlo cuando se encuentra extendido sobre el asfalto alimentando de frescor y paz a los insectos que se ocultan en las grietas para luego atacarnos? Dejémoslo aquí, más tarde volvamos.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Érase una chica que caminaba por el afanoso mundo de los sueños, arreglando sus fantasías con brochados de plástico y suspiros de inocencia.
¿Será la roja luz del sol la que me hace temblar de pasión? --decía, ¿Será un collar de madreselvas lo que hace sentirme princesa? ¿Seré yo linda sirena que navegue hasta el cetro del amor? ¿Será ese mi destino? ¿Será esa mi misión? Esa chica era ciega, esa chica envejeció, buscando lindas palabras, sin encontrar el amor.
Lazos de melancolía unen las almas henchidas de tristeza. Viandantes sin un norte, viandantes sin un sur, viandantes sin un rumbo, todos buscan amor...mas una nube negra se aproxima a mis ojos y derriba...todos mis versos en risas. ¡Me revelo ante la naturaleza y la belleza! Hoy me nombro embajador del infierno porque no es tolerable que con una sola mirada, ella me haga perder el control de mi bicicleta. Sí, esa mirada indígena, esa miríada de sensaciones que suscita, ¡tanto poder en un rostro! ¡tanta injusticia en la tierra!
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
A veces me imagino un circo hippy lleno de freaks botando, haciendo chasquidos con las manos, saludando al público, mirándoles fijamente con ojos desencajados por la locura, saltimbanquis gritando mientras vuelan, enanos aplaudiendo con muñones de acero, el hombre sin lengua soplando un silbato, ¡sonido estridente! ¡aplausos! ¡aplausos!
Sí, es el reflejo actual de un mito que ya murió. En efecto, del efecto hippy ippy py...sólo queda la miseria. Donde antes era amor, paz y armonía, ahora sólo es sexo, drogas y agonía. Ah! y la taenia del resentimiento retorciéndose en las mentes y corazones de los charlatanes, líderes de la estupidez y olvidados del vínculo de toda raza: el amor.
ESCAMPADOS DE LA FIN
Un, dos, tres, cuatro y cinco
enanos saltan
perdiendo el equilibrio.
Podría ser, quién sabe, quien ha sido,
el trovador
del mundo y del olvido.
Aves rapaces
rasgando un acertijo,
ayer de noche
sintióse como un grito.
Guarda tus sueños en un bote
y sal corriendo
no vaya a ser que explote.
Refranes y anuncios en las frentes
yo soy veloz
y dejaré mis pieles.
Vayamos a donde no hay tesoros
y cultivemos
el oro de los ogros.
Frío, friísimo, friendo
la paz pescada
en un mar de miríadas
de ojos tuertos y agujeros
de un queso triste y mixto.
Ya estamos ocultos en el fondo
de un sótano escampado
por calaveras y otros.
Sí, para demasiada gente el final siempre está cerca. Yo los voy ha desalentar diciéndoles algo: el fin del mundo nunca se acaba, estamos ante él continuamente y él ante nosotros para siempre. Que nadie espere la justicia cuando las piedras del "fin" se aproximen a nuestras cabezas porque nosotros debemos ser el terremoto que las haga caer.
Hoy no he dormido lo que me hubiera gustado, no, anoche no podía conciliar la paz y me dispuse a contar ovejitas nocturnas que saltaban una valla en la nocturnidad de un bosque. Una, dos, tres, cuatro...y así doscientas hasta que la doscientas-una se tropezó al saltar y todas ella se le vinieron encima, pisoteándola para apartarla y traspasar la barrera del descanso. Tras este hecho varias situaciones cotidianas de interpretación similar me vinieron a la cabeza y ya no pude dormir. Porque... para una oveja nunca hay descanso, quizás si se hubieran plantado todas ante la valla y se hubiesen negado a saltar hubieran alcanzado la paz eterna dejando de ser el animal concilia-sueños y dándome la gran lección de que si no duermo no debería buscar un rebaño de excusas como bálsamo a mi fatiga mental. Y ahora lo entiendo, sí, ahora ya sé que "no vale un siglo de la idea lo que un minuto azul del sentimiento" (y del placer). Y si al diablo se fue ayer mi noche...¡al diablo la carta! y...¡al diablo la esperanza! ¡la esperanza de seguir viviendo de la esperanza!
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
No, --repuso -- para mí el amor no es táctil, quizás para ti sólo sea eso. No Lucy, no --contesté -- yo sólo sé de fugas incontroladas de ansiedad, de latidos sin réplica. De soledad. Y...ante todo de tristeza, porque para nosotros la calma que viene tras la tempestad es la tristeza tras la ansiedad. Así no me ablandarás el corazón --advirtió Lucy -- creo que deberías ordenar tus valores, tu alma es una alcoba sin amueblar. Tienes más empuje del que yo pensaba pero te empeñas en abrir una puerta que cualquier día se abrirá sin que la fuerces. --Oh Lucy, desde tu óptica no puedes hablar tan segura; quizás cuando esa puerta se abrió en tu vida, ni siquiera sabías que existía ¿verdad? --Quizás. --Lucy, a veces soy repugnante pero cuando hablo lo hago con conocimiento de causa. --Pues yo hablo a causa de mis conocimientos... --Pues da gracias...tus palabras alentadoras, tus ganas de luchar..tu todo Lucy, tu todo es venerable. Da gracias a que tus conocimientos no sean los míos.
--¿Gracias a qué? Yo sólo intento que el vapor de aquello que se cuece en tu interior no empañe tus ideas pero sigues obcecado en algo, y tus pensamientos se retienen, se agrupan en uno sólo...--Así es, pero no intentes ayudarme con palabras, ese vapor es imborrable, es el aliento del deseo y renunciar a él sería aceptar bajar un escalón y afincarme en la necedad para siempre. Oh Lucy, bien sabes que tú podrías liberarme, que posees la llave que abre esa puerta, ¿porqué no lo haces Lucy?
......................................................
Un patito por aquí, un patito por allá y si los patitos volaran...yo sería uno de ellos. Oh no, ¡maldición! me siento tan contaminado...Me dejaste con una sonrisa en la cara cuando lo q realmente hacías era marcharte sin decir adiós. Oh, pero te aseguro que eso será lo último que hayas hecho. Me despierto con cierto regusto a tinta de calamar, vuelven a mi cabeza tus burlas y no soy capaz de perdonarte. Los actos vandálicos de una mente insegura, los actos vandálicos contra uno mismo, se han invertido. Cuando antes ignoraba por impotencia, manifestando que la no consideración era el mayor de los desprecios, ahora atacaré sin piedad proyectando sobre el mundo un ejército de la venganza porque a partir de mañana, ¡¡¡por fin!!! estaremos los que somos y somos mayoría. Ignorar no es olvidar, ignorar es reprimir y el que no olvida es porque no perdona; así pues, he aquí la llamada a los miserables, a todos aquellos que han vivido enterrados bajo los escombros de un mundo criminal. AHORA, vamos a salir y a partir de mañana nos pondremos a la altura de aquellos que nos miraban con ojos entornados, pues no éramos dignos de hacerles mirar con mayor atención. He aquí la verdadera ignorancia dañina, la que se acomete sin previa intención. Pero esos ojos que ante nosotros se entornaban, ahora saldrán de sus órbitas, candentes de pánico.
¿Y porqué tanto tiempo perdido? ¿Porqué esas cañadas de lágrimas surcando continuamente el cauce azulado de nuestras mejillas? Porque quizás nunca quisimos aceptar nuestro papel --ni siquiera lo aprendimos-- y en nuestro afán por interpretar el papel opuesto, nos hemos llevado el peor golpe. Pero a partir de mañana, los focos se apagarán y los personajes que bailaban en calor de comedia, resbalarán sobre el escenario, comenzando al fin el verdadero drama de esta obra, más propia del diablo que de un dios triste y lejano.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Oh, tú y yo nacimos en la peor década de la historia pero no importa, se
suele decir cada diez años. De todas formas te rogaría que no vengas aquí, del lado de la marabunta, si tu corazón no lo pide. Es sólo una guerra de corazones, una batalla por el sentir trágico de la desigualdad humana. Una batalla de corazones. Una sangría por mil razones. Una batalla de corazones, de corazones provocadores de ansiedad y vergüenza. De corazones delatadores, delatadores por sus bombeos de cobardía. Cuanto más huye un hombre de sus latidos, más fuerte late su corazón. Eso es la VIDA.
Lóbregos bosques arramblados a llanuras silenciosas. No necesitamos ocultarnos tras la flora de la vergüenza porque eso es lo que hicimos en nuestros días de penuria y...¿a quién le fue bien? Oh, mi amor, por ti mi amor, sigue la corriente de la sangre que mana por tus venas y no derrames el cáliz que por ti nadie derramó. Mañana será la noche de las lamparillas, lucecillas tintineantes de ansiedad, tímidas gotitas de luz serán el preámbulo del gran fuego de la perversión.
Caminaremos silenciosos, absortos en nuestros deseos hasta llegar a ellos. Sí, haremos del silencio nuestro gran aliado y de la valentía nuestra pasajera enmascarada. A las doce menos doce, hacia la hora bruja, cándidas luces de regocijo, entonadas por campanas mesiánicas, darán paso al final de todos los principios.
Cuando guardaba la sepia en la nevera me dije a mí mismo :
"No puedo por más que quiera, escribir sin esa carta". Y aquí estoy, haciendo del papel testigo de mi ira. En el supermercado aún estaba cubierto por el risueño manto de la bondad y las ráfagas de lujuria que residen en mi interior sólo transgredían a intervalos mi mente sin osar agitarse en mi corazón. Pero el pensamiento dibuja tantas figuras que la imposibilidad de éstas, hacen de la imperfección todo un símbolo del deseo. Sí, allí estaba, en la cola de la caja, dos puestos antes que yo. Marchó, se fue dejando el detestable aroma de la privacidad de su desenfreno, elegantemente disfrazada por la cordialidad de su sonrisa, falsa, omisa y delictiva. Era morena y no puedo más que pensar en eso. Sí, era morena. Portaba consigo el inaccesible negro de mi indignación y la indecorosa sonrisa de la dignidad. Esa mueca hostil, violenta al menos pernicioso de los energúmenos. Es la mueca del cerrojo, de la llave, del tapujo. Es la mueca del adiós del hasta nunca. Es la mueca de "estoy bien" y "no me importa como estés".
En fin, si no es allí será aquí. En la siesta planearé con elegancia y teatralidad el arrojo del sentir doliente y lo llevaré a cabo con la maestría y eficacia dignas de un sueño. Sí, mejor lo haré aquí, aquí lo ensayaré, aquí saldrá mejor, (aquí el final feliz es para ella y es para mí.) Aquí, sobre mi cama, aquí tengo coartada. Sólo un sueño, sólo un áurea evaporada.
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Un insecto, una espina, algo noto que me criba para quedarme a solas conmigo. ¿Tengo miedo de mí mismo? Si así es, me enfrentaré hasta derrumbar todos los escudos que obstruyendo mi camino, languidecen mi perfidia y la hacen débil, la desinflan.
El amor es sólo un estado de ánimo que enrojecido por su incomprensión, su indefensión, su incoherencia, su no correspondencia da a luz un hijo. Oh, y el hijo del amor...,el hijo bastardo del amor...es Satán. Y ni aun los que ni siquiera mueven un lápiz para luchar contra su condición, en su sonrisa se entreve la realidad, en la curva de sus labios, en la ausencia de sus ojos, puede verse que lo llevan dentro, demasiado dentro quizás, quizás más dentro que los que se manifiestan con el pecado.
El harapiento sudor del indefenso hace retroceder los pasos más firmes. Pero la vida hay que afrontarla como el gran enemigo del hombre. La vida humana es nociva para el mundo y para el propio homo. Sí, tejeremos el engaño entre todos para que las generaciones venideras caigan en sus redes. Pero yo con un cuchillo me voy abriendo paso, rasgando esa tela de araña que intenta entrelazarnos y unirnos en la falsedad, evitando el verdadero desarrollo del hombre en la voraz explosión de su miseria, en la línea recta que nos lleva a la salida, al punto de partida, a la meta, al comienzo de nuestra era.
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Termitas balanceándose en un fibroso hilillo de madera. Eso es lo queda de mi honra cuando me adentro en el espeso mundo de los sueños.
Si allí soy capaz, aquí no. Mas lo haría. El condicional de mi sentencia rinde homenaje al castigo. Al castigo terrenal porque la morada de la ética sólo es un refugio para los hipócritas y cobardes. Para los que intentan sacar el máximo provecho de su sordidez y hastío. Los que más, acaban maniobrando como autómatas, máquinas en nombre de Dios. Los menos convencidos suelen arrastrarse por el mundo con la indecisión e inseguridad por bandera. Y diré algo que nadie sabe y todos sienten en sus carnes: la honra es la antesala del pecado. Nadie la necesita cuando no se siente el sofocante aliento del pecado en la nuca. Es el escaparate que muestra todo aquello que debe verse y oculta todo aquello de lo que uno mismo se avergüenza. Por tanto nuestra honra es para el prójimo y no para nosotros, conscientes de nuestra mezquindad. Ninguna mujer me comprendería, lo sé. ¡Es sólo un presentimiento! ¡No ataquéis todas a la vez!
Pero la noche es el amanecer de las estrellas, a golpes de xilófono van apareciendo entretejidas en el manto púrpura de los sueños, armonizadas por los violines meditabundos de la improvisación. Y millones de voces afectadas claman al cielo por el magenta de sus fantasías. Y los perros de la lluvia se volverán a reunir y entre peleas, burlas, risas y lágrimas, podremos oír el eco de un cuento rancio y desfasado, historias atemporales, rapsodias de violadores y millones de quejidos y reproches. Y la primavera helará nuestros huesos porque cuando las flores se abran, nuestros párpados morirán cerrándose a los desiertos caminos de la inocencia. ¿Y se repetirá esta historia hasta el final de nuestros días? Creo que sí, creo que sí, tal vez NO.
Me desentiendo de la lluvia y me mojo más que nunca. Una cortina de agua impura es el atavío de mi moral. ¡Reclutemos las cenizas de la desgracia! ¡Hagamos con la maldad brotar la bondad en los corazones de los miserables! Y cuando insinúo ahora, es YA. Y si un piano suena en una habitación vacía es porque el aire de este mundo está vivo de venganza. Sueña, sueña, pero algún día haz que sueñas sin estar dormido.
Palabras cayendo como copos de nieve sobre una pizarra roñosa y mugrienta, darán forma a nuestros vicios. Ecualizarán nuestras cabezas en un único objetivo: el amor; como sea, como mito, como un hijo desconocido, como un erizo sin pinchos. La carnaza, las entrañas, las tripas e hígados del amor arrancados con valor, con delirio y con rencor.
Y todos juntos, con el sol de la victoria en nuestros ojos cantaremos al amanecer de nuestras almas... "Y la dejo aquí......o la dejo allá"
"Y la dejo aquí......o la dejo allá"
Emborrachados por la sinuosa y juguetona culebra de la felicidad agitándose en nuestra médula... lo sabemos, lo hemos hecho y nos arrepentimos de habernos dejado envejecer por el cortante y abusivo viento de la moral caprichosa. ¿Qué podíamos esperar de la ética humana? Es más, ¿qué podíamos esperar de un término creado por el hombre? Ética no es mas que un tosco intento de unir al mayor número de individuos en una abrumadora nube de irrealidad, no hay otra expresión en el mundo mejor custodiada y explotada por los que interesados en darle un significado popular, la adoran en un altar y la convierten en el símbolo de la antirebeldía. No hay tal ética, sólo es un artificio de los interesados en dar vida, a su manera, a una expresión cualquiera. Ellos son los escogidos y desean seguir reinando pero algún día la ceniza tomará forma... vamos!!!!
¿Palabrería? bien, ¿y la de ellos?
Y tras la victoria, el pigmento de nuestro espíritu, la tonalidad de nuestras almas cambiará de percepción. Luego las tertulias y los juegos y sonrisas verdaderas del descanso tan ansiado de esta vida que es la guerra. Bailaremos en la arena de la playa desnudos de fe y de esperanza porque los ropajes y corazas no son necesarios para amar locamente bajo el sol.
¡¡Basta!! aún no ha ocurrido nada. Aún somos la sombra que busca un cuerpo y ELLOS siguen siendo el cuerpo que huye de su sombra. ¿Quién siente amor? Sí, ¿quién puede sentirlo cuando se encuentra extendido sobre el asfalto alimentando de frescor y paz a los insectos que se ocultan en las grietas para luego atacarnos? Dejémoslo aquí, más tarde volvamos.
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Érase una chica que caminaba por el afanoso mundo de los sueños, arreglando sus fantasías con brochados de plástico y suspiros de inocencia.
¿Será la roja luz del sol la que me hace temblar de pasión? --decía, ¿Será un collar de madreselvas lo que hace sentirme princesa? ¿Seré yo linda sirena que navegue hasta el cetro del amor? ¿Será ese mi destino? ¿Será esa mi misión? Esa chica era ciega, esa chica envejeció, buscando lindas palabras, sin encontrar el amor.
Lazos de melancolía unen las almas henchidas de tristeza. Viandantes sin un norte, viandantes sin un sur, viandantes sin un rumbo, todos buscan amor...mas una nube negra se aproxima a mis ojos y derriba...todos mis versos en risas. ¡Me revelo ante la naturaleza y la belleza! Hoy me nombro embajador del infierno porque no es tolerable que con una sola mirada, ella me haga perder el control de mi bicicleta. Sí, esa mirada indígena, esa miríada de sensaciones que suscita, ¡tanto poder en un rostro! ¡tanta injusticia en la tierra!
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
A veces me imagino un circo hippy lleno de freaks botando, haciendo chasquidos con las manos, saludando al público, mirándoles fijamente con ojos desencajados por la locura, saltimbanquis gritando mientras vuelan, enanos aplaudiendo con muñones de acero, el hombre sin lengua soplando un silbato, ¡sonido estridente! ¡aplausos! ¡aplausos!
Sí, es el reflejo actual de un mito que ya murió. En efecto, del efecto hippy ippy py...sólo queda la miseria. Donde antes era amor, paz y armonía, ahora sólo es sexo, drogas y agonía. Ah! y la taenia del resentimiento retorciéndose en las mentes y corazones de los charlatanes, líderes de la estupidez y olvidados del vínculo de toda raza: el amor.
ESCAMPADOS DE LA FIN
Un, dos, tres, cuatro y cinco
enanos saltan
perdiendo el equilibrio.
Podría ser, quién sabe, quien ha sido,
el trovador
del mundo y del olvido.
Aves rapaces
rasgando un acertijo,
ayer de noche
sintióse como un grito.
Guarda tus sueños en un bote
y sal corriendo
no vaya a ser que explote.
Refranes y anuncios en las frentes
yo soy veloz
y dejaré mis pieles.
Vayamos a donde no hay tesoros
y cultivemos
el oro de los ogros.
Frío, friísimo, friendo
la paz pescada
en un mar de miríadas
de ojos tuertos y agujeros
de un queso triste y mixto.
Ya estamos ocultos en el fondo
de un sótano escampado
por calaveras y otros.
Sí, para demasiada gente el final siempre está cerca. Yo los voy ha desalentar diciéndoles algo: el fin del mundo nunca se acaba, estamos ante él continuamente y él ante nosotros para siempre. Que nadie espere la justicia cuando las piedras del "fin" se aproximen a nuestras cabezas porque nosotros debemos ser el terremoto que las haga caer.
Hoy no he dormido lo que me hubiera gustado, no, anoche no podía conciliar la paz y me dispuse a contar ovejitas nocturnas que saltaban una valla en la nocturnidad de un bosque. Una, dos, tres, cuatro...y así doscientas hasta que la doscientas-una se tropezó al saltar y todas ella se le vinieron encima, pisoteándola para apartarla y traspasar la barrera del descanso. Tras este hecho varias situaciones cotidianas de interpretación similar me vinieron a la cabeza y ya no pude dormir. Porque... para una oveja nunca hay descanso, quizás si se hubieran plantado todas ante la valla y se hubiesen negado a saltar hubieran alcanzado la paz eterna dejando de ser el animal concilia-sueños y dándome la gran lección de que si no duermo no debería buscar un rebaño de excusas como bálsamo a mi fatiga mental. Y ahora lo entiendo, sí, ahora ya sé que "no vale un siglo de la idea lo que un minuto azul del sentimiento" (y del placer). Y si al diablo se fue ayer mi noche...¡al diablo la carta! y...¡al diablo la esperanza! ¡la esperanza de seguir viviendo de la esperanza!
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No, --repuso -- para mí el amor no es táctil, quizás para ti sólo sea eso. No Lucy, no --contesté -- yo sólo sé de fugas incontroladas de ansiedad, de latidos sin réplica. De soledad. Y...ante todo de tristeza, porque para nosotros la calma que viene tras la tempestad es la tristeza tras la ansiedad. Así no me ablandarás el corazón --advirtió Lucy -- creo que deberías ordenar tus valores, tu alma es una alcoba sin amueblar. Tienes más empuje del que yo pensaba pero te empeñas en abrir una puerta que cualquier día se abrirá sin que la fuerces. --Oh Lucy, desde tu óptica no puedes hablar tan segura; quizás cuando esa puerta se abrió en tu vida, ni siquiera sabías que existía ¿verdad? --Quizás. --Lucy, a veces soy repugnante pero cuando hablo lo hago con conocimiento de causa. --Pues yo hablo a causa de mis conocimientos... --Pues da gracias...tus palabras alentadoras, tus ganas de luchar..tu todo Lucy, tu todo es venerable. Da gracias a que tus conocimientos no sean los míos.
--¿Gracias a qué? Yo sólo intento que el vapor de aquello que se cuece en tu interior no empañe tus ideas pero sigues obcecado en algo, y tus pensamientos se retienen, se agrupan en uno sólo...--Así es, pero no intentes ayudarme con palabras, ese vapor es imborrable, es el aliento del deseo y renunciar a él sería aceptar bajar un escalón y afincarme en la necedad para siempre. Oh Lucy, bien sabes que tú podrías liberarme, que posees la llave que abre esa puerta, ¿porqué no lo haces Lucy?
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Un patito por aquí, un patito por allá y si los patitos volaran...yo sería uno de ellos. Oh no, ¡maldición! me siento tan contaminado...Me dejaste con una sonrisa en la cara cuando lo q realmente hacías era marcharte sin decir adiós. Oh, pero te aseguro que eso será lo último que hayas hecho. Me despierto con cierto regusto a tinta de calamar, vuelven a mi cabeza tus burlas y no soy capaz de perdonarte. Los actos vandálicos de una mente insegura, los actos vandálicos contra uno mismo, se han invertido. Cuando antes ignoraba por impotencia, manifestando que la no consideración era el mayor de los desprecios, ahora atacaré sin piedad proyectando sobre el mundo un ejército de la venganza porque a partir de mañana, ¡¡¡por fin!!! estaremos los que somos y somos mayoría. Ignorar no es olvidar, ignorar es reprimir y el que no olvida es porque no perdona; así pues, he aquí la llamada a los miserables, a todos aquellos que han vivido enterrados bajo los escombros de un mundo criminal. AHORA, vamos a salir y a partir de mañana nos pondremos a la altura de aquellos que nos miraban con ojos entornados, pues no éramos dignos de hacerles mirar con mayor atención. He aquí la verdadera ignorancia dañina, la que se acomete sin previa intención. Pero esos ojos que ante nosotros se entornaban, ahora saldrán de sus órbitas, candentes de pánico.
¿Y porqué tanto tiempo perdido? ¿Porqué esas cañadas de lágrimas surcando continuamente el cauce azulado de nuestras mejillas? Porque quizás nunca quisimos aceptar nuestro papel --ni siquiera lo aprendimos-- y en nuestro afán por interpretar el papel opuesto, nos hemos llevado el peor golpe. Pero a partir de mañana, los focos se apagarán y los personajes que bailaban en calor de comedia, resbalarán sobre el escenario, comenzando al fin el verdadero drama de esta obra, más propia del diablo que de un dios triste y lejano.
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Oh, tú y yo nacimos en la peor década de la historia pero no importa, se
suele decir cada diez años. De todas formas te rogaría que no vengas aquí, del lado de la marabunta, si tu corazón no lo pide. Es sólo una guerra de corazones, una batalla por el sentir trágico de la desigualdad humana. Una batalla de corazones. Una sangría por mil razones. Una batalla de corazones, de corazones provocadores de ansiedad y vergüenza. De corazones delatadores, delatadores por sus bombeos de cobardía. Cuanto más huye un hombre de sus latidos, más fuerte late su corazón. Eso es la VIDA.
Lóbregos bosques arramblados a llanuras silenciosas. No necesitamos ocultarnos tras la flora de la vergüenza porque eso es lo que hicimos en nuestros días de penuria y...¿a quién le fue bien? Oh, mi amor, por ti mi amor, sigue la corriente de la sangre que mana por tus venas y no derrames el cáliz que por ti nadie derramó. Mañana será la noche de las lamparillas, lucecillas tintineantes de ansiedad, tímidas gotitas de luz serán el preámbulo del gran fuego de la perversión.
Caminaremos silenciosos, absortos en nuestros deseos hasta llegar a ellos. Sí, haremos del silencio nuestro gran aliado y de la valentía nuestra pasajera enmascarada. A las doce menos doce, hacia la hora bruja, cándidas luces de regocijo, entonadas por campanas mesiánicas, darán paso al final de todos los principios.

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