miércoles, marzo 01, 2006

Epopeya

Caminaba por la fosa séptica de la razón
recogiendo ideas anormales
como víveres mortales
y una voz surgió de arriba
recordándome mi vida:
“Sube y haz que todo cambie”
y yo mórbido y obsceno
grité al universo entero:
“¡Hasta aquí hemos llegado
y de aquí nadie me mueve!
Mas si un ángel baja a verme
que me lleve hasta el cielo
o se quede para siempre.”

Recorrí enfangado y turbio
la basura de este mundo,
refrendé la soledad
con algún cabello de ella
y lancé mi poesía
al caudal de las heridas
que flotaban aún con vida
hacia el fondo de la muerte.
Y una voz surgió de arriba
con más ímpetu que antes:
“Sube y haz que todo cambie”
yo fruncí el ceño
y grité a los cuatro vientos:
“¡Hasta aquí hemos llegado
y de aquí nadie me mueve!
Y si un ángel se atreviera
a bajar a convencerme,
perdería sus dos alas
retorciéndose en el barro
para siempre.”

Continué mi camino
como una odisea enfermiza
sin pisar más que cenizas
y cucarachas y ratas
en racimos palpitantes
que borboteaban sangre
y picaban mis talones
como pecados que rumian
los pies del último extraño.
Y la voz volvió de arriba
evocándome la vida:
“Sube y haz que todo cambie”
y yo somnoliento y firme
escupí a los siete mares:
“¡Hasta aquí hemos llegado
y de aquí nadie me mueve!
Déjame que decida
que la vida
fue el único error,
déjame a mi suerte
que no hay muerte
si no hay también perfección.”


Y cayó un ángel del cielo,
tenía mi cara y estaba muerto.



* Versos 50,51,52,53,54,55 de La noche más larga del año, Nacho Vegas (2005)