Mi Ella
Mi Ella se marchó,
prendiéndome a la luz de una tormenta.
La esencia se escapó,
dejándome un vacío sin respuesta.
Cerillas mojadas,
príncipes sin espada.
Oh mi Ella,
mi dulce Ella,
algo me dice que el cielo
también se enamoró de ti
y mandó un ejército de nubes
sobre mi cabeza.
No vi el sol,
no vi la luna,
tan sólo la despreciable e inoportuna
fiebre del cansancio.
Y el amor
era un cazador retirado para mí.
El emperador de la desidia
coronóse con el musgo de mis sueños
ejecutados en blanco.
Sin florecer delirio alguno,
sin transgredir la fantasía
me dormí,
sintiéndome un volcán apagado...
hasta que volviste a aparecer
como suspiro del deseo
más infernal y desgarrado.
Hasta que volviste a aparecer...
mi Ella,
mi dulce Ella.
Cómo debe estremecerse el mundo
cuando siente que tus pies lo recorren.
La belleza es tan genial
como el talento
pero ésta se capta con una sola mirada
y Ella es el único camino,
el único camino
para alcanzar el cielo otra vez.
No sabía cuánta sangre
podía salir de un verso
mas si el latido del deseo
es a la fascinación de la mente,
el sabor de su distancia inmediata
es la infancia del invierno,
la soledad del verano,
mis días del despertar,
el sofoco de una fuerza insegura.
Ella gira la ruleta de mi vida
a cuadros negros
en números negros.
Los días que la veo
y tan sólo la veo.
La codicia del romántico es salvaje
como sus ojos,
concebidos en un lago de fábula.
Así que no hay más razón
que el flujo permanente
del ensueño en la brisa:
Ella es el único camino,
el único camino
para alcanzar el cielo otra vez.
Cuando recuerdo su presencia,
su inmortal figura
ante mí...
y soñar con tan sólo tocarla...
El pasado es prometedor
(el futuro ya murió).
Oh mi Ella,
mi dulce Ella,
hasta que volviste a aparecer
no había más poema
que la llovizna aletargada
en un mediodía gris.
Pero el amanecer de la belleza ha retornado
y mi soledad vuelve a tener sentido.
prendiéndome a la luz de una tormenta.
La esencia se escapó,
dejándome un vacío sin respuesta.
Cerillas mojadas,
príncipes sin espada.
Oh mi Ella,
mi dulce Ella,
algo me dice que el cielo
también se enamoró de ti
y mandó un ejército de nubes
sobre mi cabeza.
No vi el sol,
no vi la luna,
tan sólo la despreciable e inoportuna
fiebre del cansancio.
Y el amor
era un cazador retirado para mí.
El emperador de la desidia
coronóse con el musgo de mis sueños
ejecutados en blanco.
Sin florecer delirio alguno,
sin transgredir la fantasía
me dormí,
sintiéndome un volcán apagado...
hasta que volviste a aparecer
como suspiro del deseo
más infernal y desgarrado.
Hasta que volviste a aparecer...
mi Ella,
mi dulce Ella.
Cómo debe estremecerse el mundo
cuando siente que tus pies lo recorren.
La belleza es tan genial
como el talento
pero ésta se capta con una sola mirada
y Ella es el único camino,
el único camino
para alcanzar el cielo otra vez.
No sabía cuánta sangre
podía salir de un verso
mas si el latido del deseo
es a la fascinación de la mente,
el sabor de su distancia inmediata
es la infancia del invierno,
la soledad del verano,
mis días del despertar,
el sofoco de una fuerza insegura.
Ella gira la ruleta de mi vida
a cuadros negros
en números negros.
Los días que la veo
y tan sólo la veo.
La codicia del romántico es salvaje
como sus ojos,
concebidos en un lago de fábula.
Así que no hay más razón
que el flujo permanente
del ensueño en la brisa:
Ella es el único camino,
el único camino
para alcanzar el cielo otra vez.
Cuando recuerdo su presencia,
su inmortal figura
ante mí...
y soñar con tan sólo tocarla...
El pasado es prometedor
(el futuro ya murió).
Oh mi Ella,
mi dulce Ella,
hasta que volviste a aparecer
no había más poema
que la llovizna aletargada
en un mediodía gris.
Pero el amanecer de la belleza ha retornado
y mi soledad vuelve a tener sentido.

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