viernes, mayo 12, 2006

Sabe Dios

Y que los verdes prados de la indulgencia
se abran ante mis pies
y me acojan para siempre.

Mezclado entre amasijos de vida:
El rostro pálido de la venganza.
El orgullo del pobre.
La mancha húmeda del desamor.
O cualquier manera de latir o retorcerse.

Asustado.


Y que las algas del mar me arrastren
hasta un jardín de sirenas
que me inviten a quedarme.

Rodeado en el físico caos:
El peso mortal de la mentira.
El insano burbujeo del fanatismo.
Los huesos podridos del recuerdo atormentado.
O cualquier manera de latir o retorcerse.

Asustado.


Y que todas las hormigas de la tierra
caven una fosa hasta el nunca
y me empujen allí dentro.

Apostándome sobre el tapiz sangriento:
Arrasados en cenizas esos prados de la paz.
Prostitutas escondidas en cloacas van al mar.
Y en la fosa que me viera ya morir,
esperando formar parte de lo inerte,
hay un trozo que no deja de latir
que no deja de latir y retorcerse.